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 un favorito de Estela: el otro lado del desierto.

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MensajeTema: un favorito de Estela: el otro lado del desierto.   Vie Oct 10, 2008 8:07 pm

Título: Un rosario para Raquel
Datos de publicación: La perla del Mojón y otros relatos, UABCS, LA PAZ 1997.



TWO LINES a journal of translation (traducido al inglés por Bruce Berger)

Center for Art in Translation

San Francisco, California 2003

UN ROSARIO PARA RAQUEL

Estela Davis

“Sólo dos velas están
quemando un poco de sombra;
para tu pequeña muerte
con dos velas sobra.”

Nicolás Guillén

Estuvo tan chistoso el velorio de Raquel que la gente no tuvo más oficio que estarse riendo. Hubo quienes hasta se orinaron de la risa. A mí se me hace muy curioso porque toda la vida no oí otra cosa, que la pobre de Raquel para allá, que la pobre de Raquel para acá. La pobre nunca se casó, "por pendeja", decía la gente, y siguió viviendo con Marina, su hermana, cuando ésta se casó, muy bien por cierto. Al modo de la gente que en todo está, decían que dizque Marina era muy mala con Raquel, y sí ha de haber sido porque era como la criada de la casa, la que hacía todo el quehacer, y pobre de ella que no lo hiciera bien.
Marina le ponía unas maltratadas, hasta delante de la gente la regañaba como a una chiquita. No le importaba, y enfrente de ella les decía a las amigas:
—Está de remate de lela Raquel, no se pida más que en sus narices se encaraman las gallinas al metate, le pisotean y picotean las masas y ella no es para espantarlas.
—¡Se te están quemando los frijoles, burra!, ¿no te das cuenta? ¡Estás de remate de suata!
—No se qué querencia tiene con los animales, que toda la vida los tiene sambutidos en la cocina. Con seguridad que ahí mismo les avienta la comida, por eso. Mira, nomás entro yo a la cocina y salen a la carrera perros, cochis y gallinas, ¡ay, si a veces me dan ganas de moquetearla, la malvada suata!
—¡Ay, pobre de ti, Marina! ¡Como batallas!
Raquel nomás oía, con una sonrisita como de culpa. Para que más que la verdad, le encantaba andar en la cocina maneándose con el animalero. Le gustaban a la pobre, pues, y platicaba mucho con ellos.
Al principio la gente hablaba mucho de Marina, por lo mañosa y mala que era con Raquel, pero con el tiempo se fueron acostumbrando, hasta que se les olvidó que eran hermanas y ya nadie la tomaba en cuenta, ni le hacían caso. A mí se me figura que ha de haber sido muy buena gente. Yo me acuerdo que cuando iba a algún mandado a su casa siempre la veía traficando en la cocina, gorda y pachorruda, pero eso sí, atizando en las hornillas, haciendo tortillas o tostando café. Me gustaba mucho ir para allá porque a la salidita de la cocina había un hueco en el suelo, donde vivía un cangrejo negro y gordote, ¡grandísimo! Cuando salía, Raquel le daba comidita y le hablaba como si hubiera sido un chamaquito. El cangrejo daba unas vueltecitas y se volvía a meter a su agujero. Luego, para que lo viéramos los chamacos que íbamos, ella lo llamaba con una voz muy ladinita: “¡venga mi bonito, venga mi bonito!” Parece como modo de mentira, pero el canijo cangrejo salía y la seguía. Yo nomás lo miraba de lejecitos porque me daba miedo, parecía tarántula.
Cuando me acuerdo de Raquel pienso que lo más divertido que le pasó fue su velorio. Porque a lo que decía la gente, la pobre no tuvo más que sufrimientos en la vida y lo que son las cosas, se murió viejita. Sabrá Dios cuantos años tendría, ni siquiera sé si tendría apellido; yo siempre oí que la mentaban como Raquel nomás. Otra cosa de la que siempre me acuerdo muy bien, es que cuando nos contaban el cuento de La Cenicienta, Raquel se me venía a la cabeza. Ha de haber sido por tantos mitotes que escuchaba de la hermana mala y por la cocina donde siempre la veía, que estaba negra de tizne de las paredes y el techo, a lo mejor por eso era tan prieta. Porque Marina, su hermana, era muy blanca, altota, gruesa y muy panda, tenía el pelo canoso y se peinaba de molote con peinetas. Siempre andaba vestida de negro, con mangas largas y le resaltaban las manos blancas y lisiiitas.
Cuando se murió la pobre de Raquel hacía un calor de los mil demonios. La tendieron en un catre de lona, tapado con una sábana muy blanca de las que ella misma lavaba, tendía al sol y añilaba para que no se percudieran. Abrieron las ventanas y las puertas para que corriera el fresco y no se fuera a echar a perder el cuerpo. El velorio fue en la sala, como correspondía a la categoría de Marina. Le acomodaron cuatro sirios, uno en cada esquina del catre, en unos candelabros de pie muy bonitos que les prestaron en la iglesia, porque el padre y las monjitas adoraban a Marina por ser muy católica. Le pusieron unos ramos de bugambilia morada con mucha tela de alambre y unas coronas de flores de papel crepé. La vistieron con un vestido negro con cuellito de encaje blanco que era de Marina, y como le quedaba chico no se lo abrocharon por detrás. De todos modos, como estaba tendida no se le notaba, toda la gente dijo que se veía muy elegante. Luego la polvearon, le pintaron chapitas, y al modo viejo, no faltó quien criticara, porque Raquel no se había polveado ni chapeado nunca en su vida. Una señora muy mañosa que se estaba secreteando con otra dijo, "¿qué se le hará a Raquel estar muy sí señora en la sala de Marina?".
Por cierto, ¡cómo batallaron para acomodarle las manos! Como las tenía gorditas y había padecido muchas reumas, no le podían cruzar los dedos y se las tuvieron que amarrar con un trapito blanco y limpiecito para que no se le resbalaran del estómago, que se le hinchó mucho, cosa que fue muy comentada en el velorio. Se me figura que como la gente ni se fijaba en Raquel, no se había dado cuenta que siempre fue muy estomaguda, y ahí estaban opine y opine. Unas decían que porque a lo mejor tenía un tumor en el vientre, otras que era pura gordura, otras que a lo mejor tenía hidropesía. Suerte que ya era muy vieja para que le achacaran que estaba embarazada; el caso es que no se les entendía. De todos modos nadie supo de qué se murió. A lo mejor fue adrede, porque de un ataque no fue. La encontraron en la cocina, sentadita en una silla de soyate, tranquilita, como recostada de lado en la pared. Eso sí, dicen que estaba toda tiznada de la cara, de los brazos y de las manos y que la tuvieron que limpiar bien con un trapito enjabonado. La cabeza no se la lavaron, pues a pesar de ser tan vieja no tenía una sola cana y no se le notaba lo tiznado del pelo.
Como sucede, pues, mucha gente se acordó de Marina y fueron llegando al velorio: "te acompaño en tus sentimientos... te acompaño en tus sentimientos... te acompaño en tus sentimientos", le decían. Ella los abrazaba y lloraba recio, recio. Siempre se desmayó como tres veces, a lo mejor porque ya no iba a tener quien le hiciera el quehacer. También había señores, y un montón de chamacos, dando una guerra... A tal grado que las mamás a cada rato los sacaban para moquetearlos y que se pusieran en juicio.
No podían faltar en el velorio dos buenos amigos de Raquel, Nicho el loco, que le acarreaba agua en una palanca para el lavadero y la cocina, y Toño el sordomudo, que le rastrillaba el solar y le tiraba la basura. Los dos eran así de nacimiento, Raquel los consecuentaba porque los quería mucho, les daba taquitos de frijol y café; eso sí, a escondidas de Marina, que dicen que era muy miserable para la comida. Nicho y Toño eran unos personajes muy vagos y muy lisos, de modo que siempre le andaban llevando mitotes a Raquel, que se entretenía muchísimo con ellos.
Cuando avisaron que se iba a rezar el rosario, Toño el mudo se fue a hincar en primera fila junto a la doña que lo iba a dirigir. Por cierto que esta doña era muy solicitada para estos menesteres, que porque se sabía las letanías al revés y al derecho y porque tenía la voz clarita y muy fuerte, de modo que todos le entendían lo que rezaba, porque para que más que la verdad, hay unas que no se les entiende ni papa de lo rapidito que rezan. Además también tenía fama de ser muy ocurrente y papelera, así que, poniendo cara como de dolorosa, cogió el rosario y empezó a rezar con los ojos cerrados para concentrarse y no perder la cuenta. Y yo, al modo, creo que también para no ver a Toño el mudo, pues no pudo disimular lo mal que le cayó que se hincara junto de ella. Pero dio la casualidad que Toño el mudo, se levantó y en su lugar se hincó otro señor. Y la doña ni en cuenta, ahí estaba rece y rece, cuando va llegando al primer misterio, esas partecitas donde los demás contestan, nomás de repente dio un gritote “¡Ayyy, habló el muuudo!”. Bueno... ¡qué bárbaro!... fue una risión que ni se imaginaban. Se rió tanto la gente de la imprudencia de la doña que tuvieron que suspender el rosario hasta que todos se calmaran y se pusieran en juicio, solemnes, como debe ser, pues. Porque cuando parecía la mera verdad, que ya estaban muy calmaditos, no faltó quien, con la boca tapada con el tápalo, se empezó nomás a estremecer y en un minuto todo mundo se estaba riendo de nueva cuenta.
Ya más tardecita, cuando las cosas se tranquilizaron bastante, dijeron que se iba a empezar un nuevo rosario por el alma de Raquel. Ya iban por ahí del segundo misterio, muy encarrerados, cuando se empieza a oír un ladradero de perros, gruñidos y carreras, y que va entrando un cochi enormísimo y canilludo, en fuerza de carrera, hostigado por un montón de perros. El pobre animal, muy espantado, no halló más que meterse por debajo del catre, sangoloteando a la difunta, tumbando cirios, coronas y gente. Salió por el otro lado del catre y los perros atrás de él. De buenas a primeras la gente se quedó como pasmada del susto, y a como se les fue pasando se pusieron a acomodar los cirios, los ramos y las coronas. En esas estaban todavía cuando empezaron con el mal de risa. Unas hasta se ahogaban y les daba tos. Muchas mujeres salieron corriendo con las piernas juntitas al excusado que les quedaba lejísimos, hasta la punta del solar. Unas no llegaron y se orinaron en los calzones. Otras lloraban y hasta basquiaron de la risa. A una muchacha muy aspavientosa le estaba dando como alferecía, y la mamá la tuvo que molonquear y darle unas buenas cachetadas.
A Marina, que ya estaba muy mortificada, le dio por decir que la risa era nerviosa, y mandó cocer una olla de te de azahar, para ver si así la gente se calmaba y se podía rezar los rosarios que tanto necesitaba la difunta para el eterno descanso de su alma. Nicho el loco, valiéndose de la ocasión, dijo que a él mejor le dieran café. De todos modos, al rato, con el tecito de azahar y ese como desgüance que le entra a uno después de reírse mucho, como que empezó a calmarse la cosa. Siempre pasó un buen rato para que la gente se pusiera en juicio porque ya casi era de noche. Y como quiera que sea, no faltaba alguna que le retentara la risa y se salía a la carrera, y como la risa es muy pegajosa ahí se iban haciendo hilo las demás. Se les pasaba y ahí venían para adentro, y entonces le entraba el mal a otra y dos o tres que le hacían testera, el caso es que era el cuento de nunca acabar.
—¡Ya muchachas, qué bárbaro, qué va a decir Marina...!
—Sí es cierto, ya no se rían, nos va a castigar Dios...
—¡Ay sí, qué dirá la gente...!
Bueno, pues como dicen que la tercera es la vencida, ya en la noche, estando todos muy solemnes, comenzaron otro rosario.
Parecía la mera verdad que todo iba muy bien, cuando en esas va entrando Nicho el loco, caminando de puntitas, como con sigilo, porque así caminaba él, no por otra cosa. Llevaba un cigarro en los dedos, pajariando para todos lados a ver quien le daba lumbre. Como todos estaban rezando, se hicieron los tontos y este canijo se fue metiendo con mucho cuidado, diciendo despacito: "pémiso Raquel... pémiso Raquel". Se agachó a prenderlo en uno de los cirios, que ya nomás era un cabito, y que se le va apagando. Entonces, que se da la vuelta para prenderlo en el otro, y que se va maneando con el candelabro... ¡y al suelo con todo y todo! Bueno, ahora sí que fue el día del juicio. La gente, como ya traía la risa por encimita, ni disimulaban para carcajearse. No se pida más, que hasta la faceta de Marina, que todo el día había estado muy en su papel de doliente, con una pena que se me figura que no sentía, se cimbraba de la risa, con la boca tapada con un pañuelito bordado muy curiosito, de esos que usan las señoras elegantes cuando se les ofrece llorar.
De todos modos, como que la gente ya estaba cansada de reírse tanto, y algunas más sosegadas empezaron a ponerse medio nerviosonas, mas que no faltó una que dijo, yo la oí clarito: "Se me figura que aquí anda rondando el diablo. ¡Qué casualidad que ni un rosario le hemos podido rezar a Raquel!". El comentario cundió y la gente, que ya estaba disagusto, nomás volteaba para atrás a cada rato. Se ponían chinitas de pensar que anduviera por ahí el maligno. Afortunadamente la doña que guiaba el rosario se paró, diciendo: "Me van a dispensar, voy a ir un ratito a la casa para darle cena a mi marido. Más noche voy a volver", y se fue muy oronda. No, hombre, este pretexto les gustó muchísimo a las que se morían por irse a sus casas a contar el mitote y a reírse del velorio. Tocante al rosario, pues quedó pendiente otra vez.
Yo no sé si será verdad, pero me contaron que por ahí de las cuatro de la mañana le rezaron un rosario enterito a Raquel, las tres o cuatro personas que la velaron.
El entierro fue a las siete de la mañana, antes de que hiciera más calor, y supe, porque fue muy criticado, que en la misa de cuerpo presente y en el panteón la gente no cortó la risa, dizque parecía que estaban en un fandango y no en un sepelio. Al modo de la gente. Pero a lo mejor son puros mitotes, yo no fui.
De todos modos me dio por pensar mucho en lo chistoso que había estado el velorio. No sé, pero a veces se me figura que todos esos detallitos de Toño el mudo, de los animales y de Nicho el loco, fueron hechos adrede para que Raquel en su último día sobre la tierra, se divirtiera y se riera como nunca lo pudo hacer, la pobre, en vida.
A lo mejor pensaron que Raquel necesitaba para el eterno descanso de su alma más risas que rezos. ¡Sólo Dios sabe!
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Huésped
Invitado



MensajeTema: Re: un favorito de Estela: el otro lado del desierto.   Dom Oct 12, 2008 4:48 pm

Ana, el cuento está al borde de la ternura en su tragicomedia... muy costumbrista, también. Hace mucho que no leía un cuento así.

Disfruté mucho la calidad de las imágenes que va generando.

Gracias por traerlo.

A
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Invitado
Invitado



MensajeTema: Re: un favorito de Estela: el otro lado del desierto.   Dom Oct 12, 2008 7:36 pm

Espero hayas entendido los localismos que son más bien arcaísmos. Has de saber que cuando llegué aquí, hace 18 años, entre la mezcla de acento norteño con costeño y los términos, me quedaba en babia. ES divertido, ¿verdad?
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Huésped
Invitado



MensajeTema: Re: un favorito de Estela: el otro lado del desierto.   Dom Oct 12, 2008 8:08 pm

Curioso, lo entendí todito, ya no sé si porque tu país me fascina o porque aquí ciertas gentes todavía usan esos aires en su hablar... debe ser una mezcla.

sunny
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Invitado
Invitado



MensajeTema: Re: un favorito de Estela: el otro lado del desierto.   Mar Oct 14, 2008 9:01 pm

En sí, y cosa curiosa, aquí en Baja (como le dicen los gringos), existe un vínculo históricon con Chile. Resulta que por aquí harto anduvieron piratas de tu patria.
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Huésped
Invitado



MensajeTema: Re: un favorito de Estela: el otro lado del desierto.   Miér Oct 15, 2008 12:16 am

Ah, sí?

pirat

Eso no sabía, Ana.

Un abrazo
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MensajeTema: Re: un favorito de Estela: el otro lado del desierto.   

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un favorito de Estela: el otro lado del desierto.
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